
Júbilo crema, emoción merengue, fiesta de la Trinchera. Todo esto en el Monumental de Ate. Lleno total, miles de adornos y un castillo de cohetes con el sello de CAMPEÓN. Los jugadores en la cancha gritando y llorando de emoción. El pecho caliente y la noche lo fue más aún. Los dirigentes bajando de la tribuna y metiéndose en los cuerpos hervidos de los jugadores que corrían al borde del verde, primero por sur, luego oriente y terminando en norte.
Ahí, en el norte de un viaje que sólo les trajo festejos y ahora emociones. Ahí, donde la Trinchera los esperó con los brazos abiertos. Corrían Ibáñez, “Malingas”, Rainer y Miguel Torres, todos emocionados trepaban al arco.
Subidos en el podio, pegados a la ilusión y a ese clamor popular. “Stop”. Primero, el agradecimiento al Eterno. El “Vagón” fue por su Biblia al camarín y enalteció la fiesta... Amén.
Aprovechó Gino Pinasco, el presidente, para abrazar a sus jugadores. Uno por uno. Buscaba a Donny, pero Neyra estaba enloquecido por el medio del campo, abrazado con el “Tigre” Gareca, que había dejado la tranquilidad reflexiva del camarín.
A Rainer por poco y le sacan su única prenda, el calzoncillo, pero a Raúl Fernández no porque estaba completo y subido en hombros, aunque sin voz. Los policías que dieron la vuelta olímpica también querían entrar al camarín porque el “vamos a Matute y que chu... va a pasar” fue contagiante y con ese ritmo recién empezó a festejar la gente crema.
Ahí, en el norte de un viaje que sólo les trajo festejos y ahora emociones. Ahí, donde la Trinchera los esperó con los brazos abiertos. Corrían Ibáñez, “Malingas”, Rainer y Miguel Torres, todos emocionados trepaban al arco.
Subidos en el podio, pegados a la ilusión y a ese clamor popular. “Stop”. Primero, el agradecimiento al Eterno. El “Vagón” fue por su Biblia al camarín y enalteció la fiesta... Amén.
Aprovechó Gino Pinasco, el presidente, para abrazar a sus jugadores. Uno por uno. Buscaba a Donny, pero Neyra estaba enloquecido por el medio del campo, abrazado con el “Tigre” Gareca, que había dejado la tranquilidad reflexiva del camarín.
A Rainer por poco y le sacan su única prenda, el calzoncillo, pero a Raúl Fernández no porque estaba completo y subido en hombros, aunque sin voz. Los policías que dieron la vuelta olímpica también querían entrar al camarín porque el “vamos a Matute y que chu... va a pasar” fue contagiante y con ese ritmo recién empezó a festejar la gente crema.
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